Carta del Presidente

GALAN

Las expectativas que ha generado en todo el mundo la celebración de la Cumbre de Naciones Unidas en Copenhague revelan el protagonismo que la búsqueda de soluciones para frenar el calentamiento global ha alcanzado, no sólo en la agenda internacional, sino entre las preocupaciones de los más amplios sectores de la sociedad que reclaman de los líderes actuaciones urgentes y efectivas.

Indudablemente, alcanzar un acuerdo internacional ambicioso en materia de reducción de emisiones que sustituya al Protocolo de Kioto a partir de 2012, supondría un punto de inflexión hacia el éxito en la lucha contra el cambio climático y sentaría las bases para frenar las devastadoras consecuencias que para el futuro de la Humanidad podría conllevar un aumento de la temperatura del planeta en más de dos grados centígrados.

La responsabilidad de la actividad humana en el calentamiento global del planeta ha dejado de ser objeto de conjeturas y controversias para convertirse en una evidencia científica, que nos señala también el camino a seguir para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero: cambiar el modelo energético actual para lograr disponer de una energía sostenible, competitiva y segura que sustituya progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles por la generación con fuentes limpias.

Aunque son muchas y complejas las dificultades que habrá que superar en Copenhague para establecer objetivos vinculantes y conseguir un acuerdo político, la corriente hacia una transformación profunda del modelo energético es imparable e irreversible.

La Agencia Internacional de la Energía reclama una revolución energética y ambiental basada en la multiplicación de las inversiones en renovables y, específicamente, en energía eólica por su alta madurez tecnológica. La Unión Europea, en vanguardia de la lucha contra el cambio climático, se ha marcado como objetivo que las renovables alcancen un 20% del consumo energético final en 2020. Estados Unidos, por su parte, ha dado un giro a su política energética para incentivar las inversiones en redes y en energías renovables que duplicarán su potencia instalada en tres años, con el objetivo de que la cuota de renovables alcance un 10% del total en 2012 y un 25% en 2025.
Como una de las mayores multinacionales energéticas y líder eólico mundial, IBERDROLA se encuentra plenamente alineada con las prioridades del cambio energético y se ha convertido en un agente de referencia internacional por su apuesta por las energías limpias. IBERDROLA dispone de una potencia instalada en renovables de 10.500 MW en todo el mundo y cuenta con una cartera de proyectos de 57.000 MW.

A través de iniciativas como esta sección de nuestra página web y de otras acciones de comunicación, IBERDROLA quiere apoyar que en la cumbre de Copenhague se avance en la lucha contra el cambio climático.

Para IBERDROLA, la cita de Copenhague constituye una inmejorable ocasión para que los gobiernos sienten las bases de una nueva economía verde, estimulen las inversiones medioambientalmente responsables y conviertan al cambio de modelo energético en una potente herramienta para la recuperación económica, la reactivación de la inversión y la creación de empleo.